INOCENTES Y CULPABLES

Los seres morales entregados a creencias religiosas, pierden la oportunidad de confrontar y conectarse con la moral, con el ánimo de elevar el ego.

Comprender por qué el ser se siente así, por qué señala al otro. Entender cómo puede tener un consenso al interior y así, evolucionar.

Evaluamos la moral y la vemos neutra, sin embargo, se distorsiona desde la subjetividad del ser, para convencerse que solo él lo hace bien. 

Por lo mismo, en la sociedad hay culpables e inocentes. Cuando se identifica, qué es un error, se permite dar paso a corregir lo errado.

Se debe dirimir y llegar a acuerdos conciliatorios con las personas a quienes se les ocasiona daño con los comportamientos de cada uno.

Aceptar que uno de los actores es más responsable que el otro. El ego hace presumir que gana el mejor y siempre habrá un perdedor.

Buscar corresponsabilidad tiene un tono afable y enriquece el crecimiento personal y el ego. En el ámbito judicial, pesa el saber  y el poder.

Cuando hay liberación de los juicios, la moral y el peso de la religión, se entra en la cultura de la culpa.

Sentimiento que se experimenta desde muy temprana edad. Ejemplo: Un infante cuando empieza a dar sus primero pasos, se choca con cualquier mueble.

La reacción es llorar por el dolor que le genera el impacto. Lo único que busca es un apoyo en su figura materna o paterna. 

Sin embargo, el niño culpa a al mueble por su golpe, de tal manera que siente que el no tuvo nada qué ver con el accidente.

Así ha sido la educación, crear cultura de victimismo.  Siempre se busca un culpable externo y limita el aprendizaje a reconocerse como culpable.

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